jueves, 20 de septiembre de 2012

Alfredo Santa María Calderón: Padre y amigo ejemplar.


Por Freddy Ortiz Regis 

Para quienes tenemos la fe de que la muerte ha sido vencida y que solo nos puede pellizcar mas no destruir, hablar del fallecimiento de un familiar o de un amigo es algo que no nos abate ni nos llena de desesperanza.

Por eso, cuando hace algunas horas mi amigo Manuel A. Ledesma me comunicó el fallecimiento de don Alfredo Santa María Calderón (ASMC) no pude evitar estremecerme por la noticia, pero, así como cuando se entra por un túnel  y nos rodea la oscuridad y luego de unos minutos la luz nos estalla nuevamente en el parabrisas, el consuelo y la esperanza volvieron a mi corazón al recordar que don ASMC fue un hombre que vivió en este mundo una vida intensa, marcada por la solidaridad, el trabajo y el amor hacia los demás.

Ingeniero agrónomo de profesión, don ASMC se consagró al desarrollo de la agricultura en nuestro país, alcanzando éxitos notables en cuanto emprendimiento desplegaba sus conocimientos, alma y corazón. La irrigación CHAVIMOCHIC es quizá su logro más importante. Como político –diputado y senador de la república– fue un ejemplo de honestidad, decencia y transparencia en su servicio no sólo a quienes le confiaron sus votos sino también a todo el Perú, al que amó y concibió como una patria pujante, creadora y pícara.

Tuve el honor y el placer de conocerlo personalmente en los últimos años de su vida. Pasados los 85 años derrochaba vitalidad, fuerza y entrega por el progreso de nuestra patria. Por ello trabajamos en una serie de proyectos que iban desde dar  trazo y forma a su vibrante biografía hasta desarrollar estudios sobre la biodiversidad del río Marañón y el aprovechamiento estratégico de los biocombustibles en nuestro país, del que era un ferviente defensor.




De voz enérgica pero paternal, de mirada jovial y de un platicar jamás salpicado por el aburrimiento, don ASMC era una caja de sorpresas, de cuya mente salían anécdotas e historias marcadas por la integridad, la solidaridad y el agradecimiento. Siempre decía, cuando conversábamos sobre los problemas que enfrentan a los seres humanos, que la esencia de los conflictos estaba en una defectuosa comunicación. En efecto, como servidor en muchas instituciones tanto públicas como privadas, don ASMC tuvo que asumir el papel de mediador entre las partes en conflicto; por eso, para él, era vital descubrir qué es lo que la gente –internamente– quiere decir y no lo que externamente expresa.  Así lo manifestó en una oportunidad: “El mérito de este servidor [refiriéndose a él] consistió en acercarse a la comprensión de lo que la gente realmente quiere decir y no a lo que exteriormente expresa. Por razones que no alcanzo a explicar, la gente del pueblo no siempre es capaz de expresar con exactitud sus emociones y sentimientos. Los hombres y mujeres simples, los que conforman la gran masa de personas que disponen sólo de la energía de sus músculos para echar a andar el mundo, no tienen, paradójicamente, la cualidad de nosotros, los intelectuales, de expresar con agudeza y sin rodeos los deseos del corazón”.

De don ASCM se puede escribir mucho, y tengo fe que sus descendientes harán realidad la publicación de sus memorias. Pero se quedan en mi corazón su benevolencia, su trato amable y decente, su cariño que sobrepasó en años luz nuestra inicial relación de negocios. Sé el sinsabor que debe estar atravesando su hijo, Alejandro Santa María Silva, y también toda su familia por la partida de don ASMC. Yo también pasé ese trago amargo cuando en 1991 falleció mi señor padre, pero tuve la gracia de sentir el cariño y la solidaridad de mucha gente, entre ella de los Santa María Calderón.

Debido a que la muerte siempre nos sorprende no podré asistir a sus exequias en la ciudad de Lima por compromisos laborales anteladamente pactados; pero no me despido de don ASMC porque en el reino del amor, del cual él es un fiel súbdito, no existen despedidas, ni llanto, ni clamor, ni dolor…

¡Hasta pronto amigo Alfredo Santa María!




Don Alfredo Santa María ha fallecido, hoy 20 de setiembre de 2012, a la edad de 93 años. Aquí una breve cronología de su vida y obra para el conocimiento de las presentes y futuras generaciones:



1919
De padres santiaguinos, el ingeniero agrónomo Alfredo Santa María Calderón nace el 28 de agosto de 1919, en la provincia de Santiago de Chuco, departamento de La Libertad. Es el quinto de doce hermanos: Marina (), normalista; Bertha, abogada; Carlos (), médico; Elsa I (); Alfredo, ingeniero agrónomo; Piedad (); Guillermo (), abogado; Jorge (), ingeniero; Alberto (), ingeniero; Edith, socióloga; Elsa II (); y Luis, abogado.
1926
Entre 1926 y 1931 recibió la educación primaria en el Seminario San Carlos y San Marcelo, de Trujillo.
1932
Entre 1932 y 1936 recibió la educación secundaria en el Colegio Nacional San Juan, de Trujillo.
1937
Entre 1937 y 1941 siguió estudios superiores en la Escuela Nacional de Agricultura, hoy Universidad Agraria La Molina.

1942
En el mes de marzo entra a laborar en la hacienda Cayaltí, empresa azucarera ubicada en el departamento de Lambayeque, ocupando inicialmente el cargo de segundo químico en la fábrica de azúcar.
Es ascendido a primer químico de la hacienda Cayaltí.
1943
Es nombrado superintendente de fábrica de la hacienda Cayaltí.
1944
Es nombrado administrador de campo en La otra banda, una sección de la hacienda Cayaltí.

1946
Es nombrado administrador general de la hacienda Yapatera, empresa azucarera ubicada en el distrito de Chulucanas, provincia de Morropón, departamento de Piura.
Es nombrado gerente general de la hacienda Yapatera.
Es elegido presidente de la comisión de arroz y caña de azúcar en la Liga Agrícola y Ganadera de Piura.
1947
Es elegido presidente de la junta de regantes del Alto Piura.
En la Liga Agrícola y Ganadera de Piura, es elegido presidente de la comisión de la irrigación del río Quiroz, que desvió el río Piura para mejorar el riego del Bajo Piura.
1949
En octubre es nombrado gerente general de la hacienda Buenos Aires, empresa ubicada en el distrito de Morropón, provincia de Morropón, departamento de Piura.

1957
En enero viene a residir a Trujillo.
Es nombrado secretario general de técnica del comité ejecutivo departamental del Partido Aprista Peruano.
Es elegido concejal de la municipalidad de Trujillo y, dentro de ella, coordinador de la célula municipal aprista.
En la municipalidad de Trujillo es nombrado inspector de alumbrado, agua potable y subsistencias.
A finales del año forma la cooperativa de cañicultores de Paiján.
1958
Como concejal de la municipalidad de Trujillo, conduce la creación de la urbanización cooperativa Torres Araujo.
1959
Es profesor de la Universidad Nacional de Trujillo en las cátedras de economía agrícola y reforma agraria por consenso.
Entre 1959 y 1963 ejerce el cargo de gerente de la hacienda Chiquitoy (provincia de Ascope), departamento de La Libertad.
1964
Es nombrado consultor de la hacienda Cartavio (provincia de Ascope), departamento de La Libertad.
1968
Consolida la cooperativa de cañicultores de Paiján.
1970
Es elegido presidente de los pequeños y medianos agricultores desposeídos por la reforma agraria.
1972
Es nombrado gerente de Andesa, Alcoholes del Norte S.A. (ubicada en la urbanización Torres Araujo), empresa dedicada a la producción de alcohol con los alambiques de Pucalá, Tumán, Casa Grande y Laredo.

1974
Va a residir en Venezuela, en donde en septiembre es nombrado gerente general de Melaport, empresa azucarera ubicada en el estado de Portuguesa.

1978
Regresa al Perú para ocupar la gerencia general de la cooperativa Paramonga, que ganó por concurso.
1981
Es elegido diputado del Congreso de la República, por el departamento de La Libertad.
1984
Título de la Universidad por eficiencia empresarial.
1985
Es elegido senador del Congreso de la República.
1988
Es elegido Profesor Honoris Causa de la Universidad Nacional Agraria La Molina.
2003
Es elegido presidente de la Asociación Peruana de Ingenieros Agrónomos, cargo que ejerce hasta el año 2005.