martes, 25 de noviembre de 2008

Los valores en la docencia universitaria


Por Lic. Selfa Castañeda Quiroz

Educadora
selfacast@hotmail.com


En mi experiencia como docente universitario he percibido que los estudiantes más destacados del aula, en su mayoría, provienen de hogares donde se les transmitieron principios y valores morales, y por el contrario, los estudiantes que no logran desarrollar las capacidades y actitudes propuestas en el curso son aquellos que están en el límite de lo permitido socialmente. Para ellos les resulta mas fácil llegar tarde, faltar a clase por cualquier motivo, no presentar los trabajos en la oportunidad indicada, copiarse en los exámenes, plagiar trabajos y presentarlos como propios; y es que ellos no han recibido el contrapeso de la influencia de los padres en el hogar frente a la influencia que tiene cierta cultura de nuestro Perú. Si nos damos cuenta, estas acciones están relacionadas con valores como la responsabilidad, la honestidad y con el poco valor que damos los peruanos al tiempo.

Si esto es así, resulta pertinente recordar y ponernos a pensar que estas costumbres que la gente ha devenido en llamar “criolladas” y que ha acuñado frases como “el vivo vive del tonto y el tonto de su trabajo”, entre otras, conviven con nosotros desde la época de la colonia y se propone que fue un aporte que los españoles dieron a la cultura mestiza porque resulta difícil de explicar que una sarta de irresponsables e impuntuales hubieran podido construir Machu Pichu y tener como escala de valores el ama sua, ama quella y ama llulla.

En esto se reafirma el profesor Pedro Ortiz en su ensayo sobre el valor del tiempo: “Es probable que nuestra sociedad haya desarrollado el concepto de espacio mucho antes que el del tiempo. Más aún, al delimitarse el lugar en que se vive, desde el momento en que cada hombre tiene la plena conciencia de propiedad sobre su territorio y sobre las cosas, es posible que haya privilegiado el valor del espacio, propio y ajeno. Es pues posible que la conciencia de la propia existencia, del decurso de la vida de sí mismo y de los demás, sea un logro más tardío. Esta diferencia podría mantenerse hasta nosotros, a tal punto que mientras el respeto por el tiempo de los demás ya es cuestión de hábito en las culturas llamadas desarrolladas, donde la dependencia del reloj es la regla, entre nosotros la regla es la desestimación del tiempo: aceptamos como normal la desorganización institucional, desde el uso de las calles, al tomar un vehículo colectivo y entrar a un ascensor, hasta el tiempo indefinido que toma un burócrata para resolver un simple trámite administrativo, o un juez para resolver un asunto que bien sabe está afectando la dignidad, la autonomía o la integridad de una persona”. ¡Qué duda cabe que los españoles tenían más desarrollado el valor del espacio si las primeras guerras entre los conquistadores fueron por un pedazo de terreno!

De este análisis se propone que si queremos mejorar el nivel de los estudiantes universitarios tenemos que trabajar en valores como una estrategia tutorial que no sólo se dedique a encontrar las causas del bajo rendimiento en las técnicas de estudio, o en implementar programas que incorporen a los estudiantes en el logro de habilidades sociales que los interrelacionen mejor. Es necesario, por tanto, enfrentar la realidad de trabajar valores no desarrollados en el ámbito espiritual y moral de los estudiantes, pues al final resulta ser el motor que mueve al estudiante a esforzarse en el presente para alcanzar el logro de la felicidad y al desarrollo de su personalidad integral en el marco de ser un buen estudiante, buen profesional, buen hermano, buen vecino, buen ciudadano; en fin una buena persona que al agruparse en sociedad construya un Perú diferente para todos. Lógicamente tendremos que luchar contra los pesimistas de siempre, contra los que piensan que “árbol que creció torcido ya no se endereza”. Los modernos estudios neurológicos están señalando que el ser humano siempre está en la capacidad de cambiar, sólo es cuestión de concientización y entrenamiento y de crear una cultura organizacional tan fuerte que influya en los demás positivamente. Sino cómo explicarnos ¿por qué cualquiera de nosotros, acostumbrados a tirar las cáscaras de las frutas que comemos a la calle, si nos transportamos a alguna ciudad del primer mundo entonces guardamos el desperdicio y los echamos en el bote de basura?

Por ello es necesario no desanimarnos y persistir en la difusión, la enseñanza y el entrenamiento de los valores entre los estudiantes, de manera colectiva e individualizada, de acuerdo a sus carencias. Sólo así estaremos realmente no sólo instruyendo sino formando una nueva generación de líderes con capacidad de realizar la urgente transformación que nuestra sociedad requiere.

Este artículo ha sido publicado en la Revista "Jarchas" (2008). Revista de literatura y cultura. Nº 04. Universidad Señor de Sipán. Chiclayo. p. 38.

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